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lunes, 3 de marzo de 2014

El Santander de carnavales

El Santander funciona con el culo. Pensé poner algo más suave como el titular pero me niego. Desde que  Banesto se integró en el Santander he tenido multitud de problemas y si no fuera por la hipoteca que tengo, ya les hubiese mandado a tomar por dónde cargan los camiones. Comisiones mal cobradas, duplicadas, etc.. Y cada vez que ocurre algo de eso, viajito va, viajito viene para arreglar sus meteduras de pata.

La última, día del Señor (Botín) 3 de marzo de 2014.

Tengo una orden de transferencia periódica y automática a mi ex. Me la repitieron "by the Face", error informático que está muy de moda decirlo así. Al igual que errores informáticos son estornudar, quemarse el café, ascensor trabado, Rajoy gobernando este país, etc... Pero esto no es el tema a tratar.

Me planté en la sucursal más cercana. Después de esperar casi 30 minutos para que abrieran, los "currantes" de este banco en Gran Canaria tenían horario Carnavalero de 9 a 12:30, e intento resolver en entuerto. Hablo con una tal Ana y me comenta que ella no lo puede hacer porque mi cuenta está en la sucursal de la calle Triana. Muy amable y eficiente, todo hay que decirlo, me dice que se pondrá en contacto con la otra sucursal para resolver el problema y manda un...

¡UN FAX!
¡UN FAAAX!
¡UN FAAAAAAAAX!
¡UN FAAAAAAAAAAAAAAAAAAAX!
¡BEEEP, BEEEP, BEEEP BEEEREPEPEPEPBEEEP!

Se escucha a lo lejos, baudio va, baudio viene. Y mientras mis movimientos viajan por la línea analógica indicando que echen para atrás el fallo que ellos han cometido, me pregunto: ¿He regresado a los años 70?  ¿Cómo es posible que estando en la era de la comunicación 2.0, 3.0 o 4.0 o qué se yo,  no puedan arreglar algo tan sencillo como echar para atrás una transferencia mal realizada desde distintas sucursales y tengan que mandar un...

¡UN FAX!
¡UN FAAAAAAX!
¡UN FAAAAAAAAAAAX!
¡UN FAAAAAAAAAAAAAAAAAX!
¡BEEEP, BEEEP, BEEEP BEEEREPEPEPEPBEEEP! ?

Todavía me pareció ver al Sr. Alcántara entrando por la sucursal, quitándose el sombrero, aferrándolo a su pecho con las dos manos y con gesto tímido, pedir la venia a la directora de la sucursal, para consultar sus movimientos, mientras que ella comprueba los diarios y los balances con una calculadora mecánica marca Olivetti.

A la administrativa que me atiende le pido sellado el fax enviado junto al certificado de llegada. Lo hace pero con fecha 63 de marzo de 2014. Yo no se si puse tal cara de mala uva que me repitió el documento y con una parsimonia de dedo tembloroso se aseguró de poner el fechador en su día correcto.

Durante la mañana, yo en el trabajo, llamé a la sucursal de Triana para verificar lo que me temí desde el primer momento. Decían no haber recibido nada, ni saber de qué estaba hablando. Pongo voz de cabreo le digo al tipo que me atiende que pregunte a sus compañeros y después de esperar unos 10 a 12 minutos al teléfono, me dice... ¡Ah sí, lo tengo delante, está aquí el fax y en quince minutos lo tiene vd. arreglado!  Una hora después vuelvo a llamar porque consultando en el móvil todavía no habían resuelto el tema ya no había nadie o no lo quisieron coger eran las 12:30.

¡Carnaval, Carnavaaaaaaal!

He llegado a casa y lo he intentado arreglar llamando al 902... Pues ahora  a esperar a que me devuelvan lo que han transferido por error, no se cuánto tiempo. Mosqueo creciente puesto el tipo de atención al ciente me dijo que en un par de horas y a mi pregunta de ¿Pero seguro que estará arreglado hoy? Se queda titubeando e intenta cambiar de tema.

Y mañana fiesta. 

¡Carnaval, Carnavaaaaaaal!
¡Carnaval, Te quierooooooooo!
¡La la ra laralará!
¡En el muuudo enterooooooo!

17:09 Todavía no me han devuelto los 300 euros.


Actualización:

19:22 Solucionado. Parece que es mejor que te atiendan pagando un 902 que ir personalmente a las sucursales. ¡En fin! ¡Carnaval, Carnavaaaaaaal!

miércoles, 29 de enero de 2014

La pista de carreras (foto-reportaje)

Este año los Reyes Magos se portaron muy bien. En especial una Reina que me regaló la antigua pista de carreras de su hijo para el mío. Cuando vi el regalo, sorprendido, me surgieron dos dudas: La primera, ¿Dónde iba a montar semejante pista, 10 metros en lineal montada en 2 x 1,40 metros con sus curvas y loopings, en mi casa? La segunda: Cuando Jorge quisiera jugar ¿Tendría que montársela cada vez?. La respuesta fue comprar 2 tablones de chapa de 6 mm y unirlos para formar un cuadrado de 1,60 metros de lado y montar allí la pista. Tuve que sacrificar los loopings y al no tener más curvas no pude hacer el circuito más sinuoso. Además así, pegada en aquella tabla, podría colgarla en la pared y así decorar la habitación de mi hijo. Este es el proceso de construcción de la pista.

Montada en la tabla, con el colgador puesto.


Así queda colgada en la pared. Un poco sosa, pero tenía solución.


Un poco de papel de publicidad, cartón, cola mezclada con agua, papel de servilletas y podemos hacer maravillas.


Una vez seco queda duro y perfecto para graparlo en el tablero.


Otra montaña más.

La génesis de una laguna

Jorge colaborando en los trabajos

Pintando de verde imitando el cesped.


Con el tablero pintado, con relieves puestos. He usado temperas, tengo que darle todavía una capa de barniz.


Otro punto de vista del circuito.


La curva previa a la subida del puente.


Y una vez concluido el trabajo del día pues se vuelve a colgar en la pared. Da otro aspecto.


Detalller del reloj del circuito, un Casio roto de hacía tiempo y aproveché la esfera. Además lagos y vallas de publicidad.


Va creciendo el trabajo y ya están puesto dos lagos


Ahora fotografías con el circuito casi terminado. Falta todavía el garaje para los coches y las gradas para el público.


La parrilla de salida. Falta por pintar la base del reloj para integrarla con la plataforma.


¡¡¡¡3,2,1... Ya!!!!


El lago con el limo alrededor el agua.


Curva con la valla de publicidad. 


La otra curva.


Los soportes del cartel están construidos con las fundas de las agujas de insulina haciéndoles un corte.


La curva y la subida.


Detalle de uno de los lagos chicos.


Casi terminado.



Más fotos cuando termine las gradas y el garaje. 

Gracias Rosa por el regalo tanto para el padre como para el hijo.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Ánimo recaudatorio.

Cerrada la Universidad por el temporal y me toca ir a currar porque al "Andy Warhol" Canario (Pepe Dámaso) lo nombran hoy Doctor Honoris Causa. ¡Enhorabuena! ¡Genial! No me importa, además para eso me pagan, por conocimientos y disponibilidad. Pero, esta mañana, llego a mi coche y papelito amarillo en el parabrisas.  Multa por aparcar encima de la acera. Lo reconozco,  estaba mal aparcado, pero sin estorbar el paso a nadie ni a nada. La multa me la pusieron a las tres menos diez de la madrugada. ¿No tenía otra cosa que hacer el puñetero agente del ayuntamiento? ¿No sabe que si hay varios coches aparcados de esa manera estamos en casa durmiendo como buenos vecinos y que mañana tenemos que ir a currar? ¿Que hemos llegado tarde a casa y que por desgracia cuando hicieron estos edificios no hicieron garajes ni plazas suficientes para todos los coches?

En mi barrio, La Feria del Atlántico en Las Palmas de Gran Canaria, aparcar ya es toda una odisea a ciertas horas y eso los municipales lo saben. ¡Coño si lo saben! Este novato gilipollas municipal, ¿No sabe que fijo en este barrio hay coches mal aparcados? ¡Sólo multó a los que estaban encima de la acera! ¿Y los del reservado de la entrada de La Feria del Atlantico? ¿Y los que ocupan el carril de bajada de la calle? ¿Por qué sólo a esos dos coches? Y con todo esto, el Cabildo no cede el gigantesco terreno de aparcamientos que tiene sin uso, ni la puñetera iglesia que tiene aparcamiento en exclusiva para sus feligreses.

Sólo me queda una explicación, ánimo recaudatorio del ayuntamiento.

Bueno ya me he desahogado. Ahora me queda la decisión de pagar como un gilipollas o inventarme una excusa para recurrir la multa. ¿Extraterrestres que me movieron el coche? ¿La ventolera del temporal me lo desplazó hasta encima de la acera? ¡Joder! con el agente de tráfico lo que ha conseguido es que me aumenten las ganas de que pase de una vez por todas este puñetero 2013.

¡Feliz Navidad!

Al agente de tráfico, también se lo deseo y... que se atragante con los turrones también...

¡Cabrón!




viernes, 20 de septiembre de 2013

Mi cumpleaños

Hoy es mi cumple y cumplo 30 años. 

¡Vale, mis ganas! Sí, que fue en agosto y fueron 41. Pero se trata de otro cumpleaños. Porque volví a nacer. No se cómo empezar a escribir esto y si ahora lo estás leyendo, pues será que conseguí terminarlo. Y sí; alguna lágrima solté mientras lo escribía. Pero era algo que quería hacer desde hacía tiempo. Aviso... Hay que tener estómago y para los sensibles pues que no lo lean. 

¡A que pica la curiosidad!

El 20 de septiembre de 1983, me puse muy remolón. Sabiendo que el 21 era el inicio del cole, le pedí a mi madre quedarme un poco más en la cama y me dejó. Más tarde me levanté y como último día de vacaciones pues bajé a jugar a la pelota.

Las baldosas grises rodeaban toda la urbanización. Algunas pintadas con tiza. Corazones y nombres. Aquel lugar lleno de escaleras por doquier.  Bajar y subir las bolsas de la compra era un martirio. No recuerdo cómo fueron los juegos de ese día. Supongo que estuve con Olga, Susana, Rogelio, Mario, Ana Dolores, Rosa Laura,  Dani, su hermana Rosa Delia y Diego. Si me olvido de alguien pues espero que me disculpe,  entenderán que aquel no fue mi día.

No recuerdo la hora en que volví a casa. Posiblemente cerca de mediodía. Y entré en el portal. Siempre olía a aceite de fritango cerca de la puerta del vecino del primero B. La puerta más cercana al ascensor. Así que cualquiera  que se acercara sufría aquella peste. Llamé al ascensor. Pese a las reiteradas veces de que mi madre intentó que no viajaran niños solos en el ascensor, pues supongo que por la costumbre de que nunca pasara nada y que todos los niños lo usábamos, finalmente la despreocupación hizo que subiéramos y bajáramos solos desde hacía tiempo. Con esto no culpo a nadie. 

Desde que entré en el ascensor comencé a jugar con la pelota. El niño listo resultó que no fue tal ese día. Le daba patadas cada vez más cerca de la puerta mientras la plataforma subía. Aquello era una bomba de relojería. En un momento dado. La rendija chupó la pelota y con ella mi pie. Sentí impotencia y que se volvía todo negro pero no perdí el conocimiento. Sólo gritaba. No de dolor. Porque en esos momentos ni sabes lo que es el dolor. Siempre digo que el chute de endorfinas, no se si se llama así la sustancia, que te tienes que formar en tu organismo hace que te sientas en otro mundo; pero dolor no. Pensé por unos segundos si aquello era una pesadilla pero sabía que no. Ves todo a cámara lenta. En la subida. El ascensor arrastrando mi pierna se detuvo una vez y volvió otra vez a retomar su camino. Yo me había sentado en el piso mientras que aquella máquina, sin sentimientos ni remordimientos avanzaba. Volvió a detenerse. Unos segundos, como para darme un respiro y otra vez subió. Fue un diálogo de ascensión y gritos que al final paró. En el séptimo piso, que en ese momento no era lo mismo que el séptimo cielo, abrieron la puerta. En el descansillo inferior, antes de llegar al de las viviendas se agolpaban los niños con los que jugué esa mañana, con cara de no creerse lo que estaban viendo. Mi madre gritaba. ¡Has perdido la piernita! ¡Mi niño! Ahora me viene a la memoria el abrazo que me diste en aquel momento. Luego te apartaste, o te apartaron. Porque después de para mi una eternidad de cabeza caída, cabeza levantada; entre desesperación y desear que acabase ya todo, llegaron los bomberos. Veía todo como una película. Aquel hombre me animó. Era entrado en años y me parecía ya viejo. Pero a la edad de 11 años cualquier persona que pase de los 30 te parece viejo. Pasaron los minutos y noté como el ascensor volvía a subir lentamente y con la puerta abierta. Y alguien gritaba: ¡Ahora, dale! Me sacaron de la plataforma. Me bajaron a pie los seis pisos. Con la pierna enrollada en una toalla. Y llegando al primero y por las prisas se desenrolló y me tuvieron que aupar. Allí vi un colgajo de carne de la pantorrilla. No vi más. Yo era en un pelele cargado por el mismo bombero. Supongo que ahí tuve un desvanecimiento, porque la siguiente imagen que recuerdo era la del rostro del mismo bombero en la ambulancia mirándome y desde su rostro caían gotas de sudor hacia mi cara. Fue un esfuerzo muy grande. Llegamos a la Clínica del Pino. Urgencias y me dejaron en una camilla durante un buen rato. Realmente, no lo se. A mi me pareció eterno. Allí sí que sentí dolor. El mismo dolor como si te da un calambre, pero mucho más intenso. Aparecía y desaparecía. Era un ciclo, pasados unos minutos de tranquilidad, volvía. Tuve miedo de que volviera otra vez el dolor. Allí, tumbado esperé hasta que me miraron y más tarde me llevaron a una habitación. Supongo que dormí y descansé.


No tengo tanta memoria como para recordar cómo fueron en detalle los días en la clínica. Pero sí un par de cosas que ocurrieron antes de la operación. Lo quieto que estuve durante aquella semana de intentos de salvar la pierna. Lo doloroso que eran las curas en ciertos momentos y la “carpa” que tenía encima mío. Era un semicilindro de tiras para que las sábanas no rozaran con lo maltrecho. Pero la sensación era como si estuvieras en un pulmón de acero pero de cintura para abajo. Una de las curas el cirujano, creo que se apellidaba Moreno. Que era un antipático según mi madre. Y supongo que no sería antipatía, sino como médico no querría engañar a mis padres y mi madre no querría oír las verdades que le decían. No se, nunca supe más de aquel tema. Ese médico, antipático o no, pues me salvó. En una de las curas pues me pinchó con un alfiler en ciertas zonas para ver si había sensibilidad. No notaba nada pero le contestaba que sí aunque no sintiera nada, que era casi todas las veces. Mis ilusiones de decir que estaba bien lo muerto. Cortó un trozo de carne y no sentí nada. El mismo colgajo que vi cuando estaba en el portal cuando me pusieron la toalla. Era del tamaño de un solomillo pero de color beige. Supongo que sería de un lateral de la pantorrilla, por el tamaño.  Allí se acabó la historia. Mi padre vio la herida en un momento y su expresión fue un "Bufff ¡Cómo lo tiene!"

Ya había pasado cerca de una semana desde el accidente. Me llevaron al quirófano. Lo que quedaba de pierna estaba ya gangrenado. Yo no sabía lo que me iban a hacer. Me anestesiaron y... No voy a contar nada de ese momento porque en fin... anestesiado qué voy a contar, no recuerdo absolutamente nada. En otras ocasiones he estado anestesiado por culpa de alguna borrachera y me ha pasado lo mismo: no me he acordado de nada. Al despertar de alguna borrachera en la que he perdido el sentido me suelo mirar a ver si tengo todos mis miembros, por si acaso.

La sensación al despertar fue como si a la altura de la corva te presionaran con dos palos metálicos tan fuerte y tuvieras la rodilla doblada hacia abajo y no la pudieras levantar. No era doloroso pero sí muy molesto. Creo que estaría tupido a calmantes. Mi padre estaba a mi lado. Yo decía que me quitaran aquellos inexistentes hierros que aprisionaban la corva que ya no tenía. Al final y al oído me lo dijo. No recuerdo cual fue la palabra que utilizó y si la frase fue “Te la han cortado” o “Te amputaron la pierna” Para el caso da lo mismo. Me quedé callado. Quizás porque no sabía lo que implicaba aquello. Cerré los ojos y no recuerdo más.

En aquellos momentos de clínica me venían a visitar un montón de gente y que habían primos de los que ya no tengo roce con ellos. Cosas de la vida. Una de las cosas más tontas y que nunca entendí fue que mi madre culpó a los peces que teníamos porque alguien le dijo que traían mala suerte. Al final ellos corrieron peor suerte que yo y terminaron por el w.c. Lo que implica que los humanos traemos peor suerte a los peces que los peces a los humanos. Y por otra parte, su frase diciendo que aborreció la mortadela porque mi muñón vendado y con una redecilla, al estar hinchado, tenía esa forma. O mi abuela que a posteriori y ya con la primera pierna ortopédica se empeñó en llevar una pierna de cera a la Virgen del Pino. De todo eso voy a correr un tupido velo porque ese tipo de frases y acciones se resumen en un "De dónde no hay, no se puede sacar".

De mis compañeros de convalecencia, recuerdo a tres chicos. Uno al que le dieron una paliza y tenía la cara destrozada en una pelea. Ese chico me daba miedo mirarle. Tenía toda la cara magullada. Cuando se marchó, la cama la ocupó otro que vino de Lanzarote a operarse del pene, tenía una malformación y orinaba por un segundo orificio. El padre de este niño se tapaba la nariz cuando venían a hacerme las curas antes de la amputación. Pues ya había zonas gangrenadas y la verdad es que apestaba.

Pasaron los días y me cambiaron de habitación. El tercer chico con una fístula en el tobillo pero con ese estuve muy poco tiempo. Allí me visitó el doctor Urrutia, creo que se apellidaba así. Era del Barsa y se metía conmigo porque yo era del Madrid. Me resultaba muy simpático y lo eché de menos. Sólo apareció un par de veces.

También tuve una visita muy especial. Era el hijo o el sobrino de una amiga de mi madre. Entró en mi habitación, caminó durante un rato y se sentó a hablar conmigo. Me dijo que él era como yo. Y me enseñó su prótesis. Aquello me animó mucho y aunque pensé que me vendría a visitar otra vez. Jamás supe de aquel muchacho. Pero sentó muy bien.

Varios días después me dieron el alta. Decían que había un virus que no dejaba cicatrizar y así me llevaron a casa de mi abuela. Aunque era un tercer piso y sin ascensor siempre serían menos escaleras que en la Urbanización Copherfan.

El resto del tiempo pues jugando con mis clics de famóbil encima de una tabla de sombras chinescas que me había regalado mi padre. Convirtiéndome en el niño solitario, introvertido y triste que fui durante años.

Sí, muchas visitas, muchos juguetes, pero sólo pequeños momentos de felicidad en una laguna de un gran vacío.

Entre todas las visitas recuerdo una en que vinieron Roque, Adrián, Paco y Alberto a jugar conmigo. Jugamos al monopoly. A Roque lo arruinamos y mi padre, sin saber las reglas del juego, hizo que le diéramos dinero para ayudarle a pagar las deudas. Mi viejo, siempre solidario. Con el tiempo las heridas siempre cicatrizan, incluso las que no se ven. 

Las últimas curas después de amputado fueron bastante duras. Se habían formado fístulas en las que me insertaban una jeringa y a presión metían un líquido que posiblemente fuera algo de polividona yodada, “Betadine” para los amigos. Una vez presionaron tan fuerte el émbolo que el líquido retrocedió por el agujero de la carne y salpicó de gotas la bata de Lucy, una de las enfermeras que me curaban.

Durante el tiempo que estuve en casa de mi abuela pues llegué a pesar cerca de 55 kilos. Claro, sin hacer ejercicio y el problema que he tenido siempre: Me encanta comer. Mi padre, siempre ha sido un hombre flaco pero muy fuerte. Me cogía a piola y me bajaba por las escaleras los tres pisos para llevarme a las curas en nuestro viejo "R Siete".  Una vez se le hizo tarde y Roli, el hijo de una vecina que me dio clases durante ese tiempo, intentó hacer lo mismo. Aquel chico era un palillo y no pudo ni levantarme. Le temblaban las piernas en el esfuerzo. Espero que no se lesionara la espalda. Al final llegó mi padre y me bajó.

Otra anécdota fue que a mi hermana, tres años menor que yo, le habían cortado el pelo a lo macho y una vecina, que no salía de su asombro, la confundió conmigo diciéndole a mi madre: “¡Qué bien quedó el niño!” Nos parecíamos mucho.

Pasó el tiempo y terminó por curarse todo. 

Bueno ese día, visto desde mis ahora treinta años, bueno sí; los cuarenta y uno que cumplí en agosto. Fue el momento en que Enrique dejó de ser un Enrique para nacer otro distinto. Esos momentos hacen que llegues a la madurez y puedas relativizar los problemas que puedas tener en otros momentos. No creo que sea cuestión de superación, esa fase es bastante sencilla, sino de inclusión de tus malos momentos en tu propia identidad. ¿Lo que no te mata, te hace más fuerte? No lo creo. Creo que la experiencia suma a una pequeña porción de sabiduría que todos tenemos cuando llegamos a la mediana edad y vemos de reojo como la juventud  va quedando más atrás.

En otra ocasión contaré cómo fue la parte de la pierna ortopédica que también tiene su cosa.





jueves, 19 de julio de 2012

Recuerdos y despedidas

Hoy me enteré que una amiga se marcha muy lejos. En segundos me visitaron los fantasmas.  Maldito este facebook que hace que aquello que tendría que haber desaparecido de la vida de uno lo tenga al alcance de una ventana.

En el primer instituto en que estuvimos, Primero de Mayo, un edificio gubernamental de oficinas dedicado a no se qué y que apañaron para meternos hasta que se contruyera el definitivo Mesa y López.  Fue dónde dejaste de ser invisible para mi. El "Colorado" se sentaba junto a ti en aquel aula con cristales opacos de color beige. Me dijo que estabas "frita por mi" porque cada vez que me nombraba en alguna conversación con mi apodo "El Punky" tu lo corregías diciéndole que me llamara por mi nombre. Me lo tomé a broma pero en mi interior, por esa broma o tontería, te convertiste en mi amor platónico de instituto. Apareciste como por arte de magia. Me fijaba en ti. Todo el día, en ti. Maldita inocencia de quince años, recién cumplidos, que deja sin valor  ni palabras, para poder decir lo que uno siente. Si en aquella época me hubiese pillado con lo que ahora sé, habría valido la marca de tus dedos en mi cara de la bofetada de un no por respuesta. Da igual, al menos, ya no deseo vivir con la incertidumbre del qué hubiera pasado si.

A mis casi cuarenta, tengo una sensación de miedo a que, ahora, con las vidas hechas y después de haber leído esto me digas un "Si me lo hubieses dicho" pero aún así guardaría ese pudo ser y no fue como algo muy importante en mi corazón y en lo que me ha hecho tal como soy ahora.

Recuerdo tu forma de subir las escaleras yendo a clase. La de mecanografía. Mentiría si dijera que escuchaba tu teclear en la Olivetti. Sería muy romántico pero imposible con tremenda escandalera. Un fin de año en el que pusieron el "Born in the USA" de Bruce en la disco del Mercantil. Nuestra primera fiesta de instituto en el que mi mejor amigo de aquellos tiempos jugaba a cogerle el culo a tu amiga y yo le empujé. Pedazo bofetón se llevó a mi costa. Luego, entre cervezas, me confesó que le gustó coger aquel culo.

Aquel verano se convirtió en el más alegre porque coincidimos en clases de recuperación. La academia Perojo. También un día de aquella canícula me rechazaste una invitación a una granizada. ¡Chacha, era mi cumple! Pero no te dije nada. Me encantaba acompañarte hasta el Teatro dónde cogía mi guagua, aunque yo tuviera que ir en dirección contraria. La de veces que pensé en armarme de valor y decirte lo que sentía en ese trayecto pero era cobarde. El clásico miedo al rechazo. Era mi forma de estar contigo estando sin ti.

Tu minifalda de tenis de color celeste. Tu pelo azabache a media espalda. Tus ojos. Tus risas y coqueteos junto a tu rubia amiga. Tus piernas, tus manos, tu rostro. Cuántos sueños contigo. El año que no coincidimos porque dividieron la clase.  El segundo grado tus dedos tecleando aquellas líneas de código en Cobol con MariCarmen como profesora. Luis, el de ensamblador, con sus pantalones anchos marrones casi de payaso.  La vez que me imaginé que me decías te quiero en el patio un día en educación física o un recreo. O los besos que nunca nos dimos en las escaleras de acceso. Luego como la chica de la cafetería. Cuántas veces fui y esperaba a que tú me atendieras. Disimulando mis miradas para que no se diera cuenta tu padre.  Pero pasó el tiempo y llegó el día en que besaste a tu novio en el patio en una fiesta y ahí se acabó. Nunca tuve una conversación contigo. Siempre en la distancia. Pero siempre fuiste tú la que me hizo ser grata mi estancia en el instituto.

Luego se terminó aquel tiempo de estudios. Un año en informática en la Uni. Más tarde empecé a trabajar.  Llegó mi primera novia seria, que me hizo olvidarte. Pero siempre tu recuerdo regresaba de una forma u otra a mi. Cuando paseaba por la calles en más de una ocasión pensé que aparecerías por alguna esquina y nos veríamos.

En tu trabajo fue la siguiente vez que nos vimos. ¿Qué tal tu vida? ¿Qué tal la mía? bien, me alegro haberte visto. Luego un par de veces más, vivías por la zona del Obelisco y volviendo del trabajo. Misma conversación y tu mirada que en mi interior interpretaba como un ¿Porqué no te atreves?

Luego el Facebook y nuestras vidas hechas y felices.

Sabes que soy ateo de los pies... bueno del pie a la cabeza, pero me gusta creer que esta vida es la que nos tocó vivir separados pero que habrá una próxima que nos tocará vivir lo que igual podría haber sido. Para esta es tarde, no creo en los amores de los tiempos del cólera. Y ese porqué no te atreves se ha ido convirtiendo en un ni te atrevas, no salgamos de la seguridad con la que vivimos.

Supongo que estarás sorprendida... ¡¡¡¡Tantos años, tanto silencio y me sueltas esto ahora!!!! Lo último que quiero es hacer daño. Podrías enfadarte y mandarme a la mierda, ignorar esto o que quede entre tu y yo.

Lo único que quería era despedirme y decirte que amiga siempre estarás en mi corazón porque fuiste mi verdadero primer amor. Te deseo que en esa nueva vida por esas tierras de jeques y califas seas la mujer más feliz y dichosa que exista junto a tu chico y tu hijo. Siempre estarás en mi corazón.

miércoles, 25 de enero de 2012

Reto ¿Quién es el mejor pizzero?

Un amigo me reta a ver quién hacía la mejor pizza pero le dije que no podía competir porque no tenía las herramientas adecuadas y esta fue la conversación realizada con el "guasa":

"El domingo hice pizza. La masa en la panera. Me quedó espectacular. Le reto a usted a una competición a ver si hace la mejor pizza!! (masa incluída)"

"Tendrá usted que esperar a tener igualdad de condiciones para competir. Pero le recojo el guante para un futuro y estaré deseoso de probar su pizza..."

"y por qué, pardiez, argumenta usted que no estamos en igualdad de condiciones?? La brisa de la tarde nos trae aroma a miedito??"

"Porque en un barco de guerra si los cañones están en otras tierras sólo sirve para navegar. No tengo horno y paso de hacer la masa a mano. No es cobardía más sabiendo que es una oportunidad más de echar unas pintas con un lobo de mar como usted."

"Aplacemos la riña pues... No me acusen de descortés. Disputa aplazada, más no reemplazada."

"Bajemos las espadas habrá otra ocasión de desmotrar que soy mejor pizzero que vos."

"Bajaré el rodillo. Guardo la levadura. Me doy media vuelta y subo en mi montura."

"Voto a brios que no olvidaré que me ha llamado peor pizzero. Semejante tío."

"Peor Pizzero. Mal encarado y con el culo almorronado. Es el epíteto que te dedico mi querido amiguito almorronado"

"Aprenda usted a ser poeta
y aunque crea que soy de rima fácil
no crea que pensé en
nombrar la palabra teta.
Mas si hiciera eso seguro que
usted me devolvería alguna
palabra que me veta.
Así que si me nombra almorronado
le diré que sus pizzas huelen
a pedo anticuado.
Y dejemos de intentar ser
Quevedo, góngora o espronceda
que son trajes
que anchos nos quedan."

Pues eso fue el otro día con el móvil chateando al borde de la piscina. Próximamente el resultado de la competición.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Algo sobre velatorios

El otro día estuve en el velatorio de un familiar y he descubierto que la muerte, no es triste. ¡En absoluto! Se pasa muy bien. Sólo con saber que el único sitio dónde te sirven una copa "after hour" en Las Palmas es en el Tanatorio de San Miguel.

Los acontecimientos son de lo más surrealista. Para empezar el fallecido que se encontraba en la sala continua a la de mi tío era un tal Juan Palmé. El cachondeo ya comenzó con un: "Juan Palmé palmó en Las Palmas". Desconozco su lugar de procedencia pero si fuera de La Palma: "Juan Palmé, oriundo de La Palma, palmó ayer en Las Palmas" y si además falleció durante el visionado de un programa erótico o porno, su esquela podría quedar: "Juan Palmé oriundo de La Palma palmó muy empalmado en Las Palmas" y podríamos continuar con un largo trabalenguas.

Hay velatorios, como este, no son nada dramáticos. Incluso uno está a gusto dentro del sitio, hablando, mirando los panfletos de consejos para que se te pase lo antes posible el duelo, publicidad de psicólogos, flores y más flores y hasta una propaganda de un telepizza. En este el hijo del fallecido tranquilamente jugaba con su Ipad, estaba recién comprado. Hablo de una persona de treinta y tantos largos. Según me dijo le parecía que hacía magia. Igual consigue resucitar al cadáver.

En estos esperpentos las nuevas tecnologías añaden un toque musical durante los momentos de dolor. Escuchar la que viene por defecto en el Nokia: tiro riro tiro riro tirorio riii es de lo más común. Además polifónica, porque suenan varios móviles al mismo tiempo: tiro riro tiro riro tirorio riii. Hasta escuché "La danza de los Enanos de La Palma", que es la que tiene mi madre en su móvil. También "La Rama" grabada en directo en la fiesta y tocada por la Banda de Agaete y es que esto que a los móviles se le pueda poner la música que uno quiera da que pensar. Si querían un velatorio tradicional pues lo tuvieron musicalmente hablando. Un día de estos podría sonar en un velatorio la melodía de cabecera del programa "Sálvame" en el preciso instante en el que alguien se acercara a la caja para presentar sus respetos al fallecido. O cuando se acerque la viuda la de Alaska: "Mi novio es un zombie, es un muerto viviente..."o por último el "I will Survive" de Gloria Gaynor.